Cuando pensamos en Chiapas, las imágenes que llegan a nuestra mente suelen ser sobre la Selva Lacandona y el sitio arqueológico de Palenque. Los templos mayas emergiendo de la vegetación tropical, envueltos en el grito de los monos aulladores, constituyen uno de los espectáculos más imponentes de América. Sin embargo, conformarse únicamente con este circuito es leer apenas el primer capítulo de un libro infinito.

Chiapas es un territorio de fracturas geográficas y culturales profundas. Su relieve se compone de la Sierra Madre de Chiapas y la Meseta Central, creando valles altos y cuencas lacustres que desafían la geografía, y lo que verdaderamente sacude al viajero es su dimensión humana: una cultura viva donde las lenguas mayas como el tsotsil y el tseltal son el latido cotidiano de sus comunidades.
En esta nota te contaremos sobre tres de sus tesoros más deslumbrantes: el Cañón del Sumidero, los Lagos de Montebello y el santuario de San Juan Chamula.
El Cañón del Sumidero

A unos cuantos kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, se encuentra una de las maravillas geológicas más impresionantes del continente: el Cañón del Sumidero. Esta hendidura monumental surgió hace aproximadamente 36 millones de años. Las fallas tectónicas y la erosión del Río Grijalva esculpieron este abismo cuyas paredes verticales alcanzan altitudes de más de 1.000 metros.
Para entender la magnitud del Cañón del Sumidero, hay que vivirlo desde la inmersión náutica en el fondo del abismo y los miradores de la cresta montañosa.
El viaje comienza en los embarcaderos de Chiapa de Corzo. Al subir a las lanchas y comenzar el avance río arriba, el paisaje se transforma con rapidez. El calor del valle se mitiga ligeramente por la sombra que proyectan los muros de piedra que empiezan a cerrarse sobre el cauce. Navegar el Río Grijalva comprende un trayecto de 32 kilómetros hasta la cortina de la presa hidroeléctrica de Chicoasén (una de las obras de ingeniería más grandes de México). Aquí te encontrarás con la Cueva de los Colores, una cavidad natural donde las filtraciones de minerales como el azufre, el hierro y el carbono han pintado las paredes internas con tonalidades rosas, ocres y verdes. En su interior, la devoción local ha colocado un altar a la Virgen de Guadalupe, creando un punto de peregrinaje en medio del agua.
La biodiversidad es otro de los tesoros del fondo del cañón. La selva y vegetación crea el hábitat ideal para el cocodrilo de río, espécimen que es común ver descansando en las orillas. En las copas de los árboles los monos araña se balancean con agilidad, mientras garzas blancas, cormoranes y zopilotes aura vigilan el cañón desde las corrientes térmicas de aire.
Para complementar la experiencia, es obligatorio realizar el recorrido terrestre por los cinco miradores oficiales. Cada parada ofrece una perspectiva distinta del abismo:
- La Ceiba: El primer mirador, ofrece una vista de la entrada al cañón y la transición del río desde el valle de Chiapa de Corzo.
- La Coyota: Aquí se empieza a notar la verticalidad de las paredes calizas.
- El Roblar: Un espacio rodeado de bosque de encino donde el sendero te lleva a un balcón natural impresionante.
- El Tepehuaje: Ideal para la observación de aves rapaces que aprovechan las ráfagas de viento del cañón.
- Los Chiapa: El mirador cumbre y el más alto de la ruta. Asomarse a su barandal es una experiencia que acelera el pulso. Desde este punto, el Río Grijalva parece un hilo de agua esmeralda estático en el fondo de una grieta titánica. Es aquí donde, según las crónicas históricas, los guerreros chiapanecas prefirieron saltar al vacío antes de rendirse a las fuerzas de los conquistadores españoles.
Los Lagos de Montebello
En los límites de Chiapas y la frontera de Guatemala, el paisaje cambia radicalmente a un ecosistema de montaña dominado por bosques de pino, encino y liquidámbar. Aquí se localiza el Parque Nacional Lagunas de Montebello, un área protegida que resguarda uno de los complejos lacustres más bellos e inusuales del mundo.
Este parque alberga más de 50 lagos y lagunas de origen cárstico. Hace millones de años, esta región era un antiguo lecho marino de roca caliza. Al emerger, las lluvias constantes y los ríos subterráneos fueron disolviendo la roca porosa, provocando el colapso de los techos de las cavernas subterráneas y dando origen a enormes cenotes e interconexiones acuáticas.
Lo que deja sin aliento al visitante es el color de las aguas. La gama cromática se despliega en matices que van desde el verde esmeralda más brillante hasta el azul turquesa, pasando por tonos violetas, azules profundos y negros azabache.
La exploración de los lagos se divide habitualmente en dos circuitos principales:
El primero es el circuito público Lagos de la Finca. Aquí se encuentra la Laguna Agua Tinta que debe su nombre a las hojas caídas de los árboles de liquidámbar y la vegetación subacuática que tiñen el agua de tonos rojizos y violetas oscuros.Por su parte, la Laguna Esmeralda deslumbra por sus orillas de color verde claro que se transforman en azul oscuro a medida que la profundidad aumenta de forma abrupta. El lago más grande de este sector es el Lago Tziscao, que se extiende a lo largo de la línea fronteriza y cuenta con una comunidad tseltal que ha desarrollado proyectos de ecoturismo sustentable.
Adentrándose más en el parque se localiza la Laguna Pojoj. Este cuerpo de agua es la joya de Montebello. Sus aguas son de un azul turquesa tan limpio y transparente que permite ver los troncos de árboles sumergidos en el fondo a varios metros de profundidad. La actividad imperdible es navegar el lago utilizando balsas de troncos de pino. El paseo te lleva hasta la Isla de las Orquídeas, un pequeño islote rocoso en el centro del lago que alberga decenas de especies de orquídeas y bromelias endémicas que florecen en diferentes épocas del año.
San Juan Chamula

Ubicado a aproximadamente 10 kilómetros de San Cristóbal de las Casas, en el corazón de la Meseta Central, se encuentra San Juan Chamula. Este municipio es el hogar de la comunidad tsotsil más poblada de todo Chiapas.
Chamula no es un estado soberano regido por el sistema de Usos y Costumbres, reconocido por la Constitución mexicana. Aquí, la policía municipal no porta armas de fuego (utilizan bastones de mando de madera tallada), el ejército federal no interviene en sus asuntos internos y las decisiones políticas, religiosas y judiciales se toman por consenso en la plaza principal frente al cabildo.
Los habitantes visten con orgullo su indumentaria tradicional, elaborada artesanalmente con lana de borrego. Los hombres portan los famosos chujes: chalecos gruesos de lana ceñidos a la cintura con cinturones de cuero. Las mujeres visten faldas largas de lana y blusas de satén bordadas con hilos de colores brillantes. Los borregos son considerados animales sagrados en Chamula; no se consumen como alimento, ya que su única misión es proveer la lana para el vestido de la comunidad.
¿Y cómo podemos visitar estos tres destinos sin contratiempos? Primero es fundamental entender las distancias, los tiempos de traslado y las condiciones particulares de la red vial en Chiapas.
- Las carreteras que conectan los Altos de Chiapas son espectaculares por sus paisajes, pero geográficamente complejas. Están plagadas de curvas cerradas, pendientes pronunciadas y los llamados “topes” a la entrada de cada pequeña comunidad.
- Es una regla de oro en Chiapas realizar todos los traslados carreteros entre las 7:00 AM y las 5:30 PM, pues la niebla suele bajar de imprevisto en las zonas altas de la montaña por las tardes, reduciendo la visibilidad a cero.
- A diferencia del norte o centro del país, la economía en las zonas comunitarias de Chiapas se mueve exclusivamente en efectivo. Los accesos a los miradores del Cañón del Sumidero, las tarifas de las cooperativas de lanchas, los pagos de entrada a los diferentes lagos en Montebello y los accesos comunitarios en Chamula deben pagarse en efectivo.
¡Después de trasladarnos es normal que tengamos hambre! Y la cocina de Chiapas se caracteriza por sus sabores reconfortantes, diseñados para combatir el frío de la montaña, utilizando como base el maíz, las carnes y las hierbas de olor silvestres.
Estos son algunos platillos que puedes degustar:
- Cochito Horneado: Carne de cerdo sazonada con un adobo espeso de chiles locales, tomillo, orégano y vinagre, horneada lentamente en hornos de barro hasta que la carne se desprenda del hueso. Se sirve caldoso, acompañado de lechuga fresca y cebolla picada.
- Pepita con Tasajo: Este es el platillo por excelencia de la Fiesta Grande de Enero. Consiste en tiras de carne de res seca (tasajo) bañadas en una salsa hecha de pepitas de calabaza tostadas y molidas, sazonada con achiote.
- El Pozol de Cacao: Es una mezcla batida a mano de masa de maíz nixtamalizado, cacao tostado y molido, azúcar y agua helada. Se sirve tradicionalmente en “jícaras” de madera y es el remedio perfecto para mitigar el calor del mediodía.
Visitar estos tesoros de Chiapas exige un compromiso ético por parte del viajero. El turismo en esta región se basa en el respeto a los ecosistemas y a la soberanía de las comunidades indígenas. Chiapas resguarda el México más verdadero, el más complejo y el más bello: aquel donde la naturaleza y el espíritu humano permanecen intactos, vibrando bajo sus propias reglas eternas. ¡Buen viaje por las tierras del sur!