A 3 horas de la Ciudad de México se encuentra Taxco de Alarcón, un sitio ubicado en la Sierra Madre del Sur en el estado de Guerrero. Taxco es mucho más que un "Pueblo Mágico", es una red laberíntica de calles con casas pintadas de blanco, techos rojos y una tradición de trabajo en plata conocida en casi todo el mundo. Si buscas algo más que una escapada de fin de semana, tienes que visitar este lugar: aire puro de montaña, una arquitectura que desafía la gravedad y una oferta cultural que combina lo sagrado con lo artesanal. En esta guía trazamos una ruta por los rincones que hacen de este pueblo un destino imprescindible.

Lo primero que te impresionará es su geografía. A diferencia de otros espacios trazados de forma plana, este pueblo se aferra a la montaña, sus calles son muy angostas, empinadas y empedradas con un diseño claroscuro que forma figuras geométricas. Así que olvídate de andar en coche, pues Taxco no fue diseñado para el tránsito. La mejor forma de moverte es a pie o a bordo de los vochos blancos que suben las cuestas con una gran destreza. Caminar es un excelente ejercicio para las piernas y un gran deleite para los ojos; cada vuelta en una esquina revela una nueva perspectiva de la ciudad, un balcón lleno de flores o una vista panorámica de la sierra.
A un costado del Zócalo o la Plaza Borda, encontrarás la Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, considerada una de las obras cumbres del barroco churrigueresco en México. La construcción fue terminada en 1758 y financiada casi en su totalidad por José de la Borda, uno de los mineros más ricos de la época. Se dice que Borda decidió erigir este templo para agradecer la fortuna que había encontrado en las minas de plata de la región.
La iglesia tiene una fachada de cantera rosa, flanqueada por dos torres esbeltas que dominan todo el horizonte de Taxco. Al entrar, te vas a encontrar con nueve retablos monumentales cubiertos de lámina de oro que van del techo al suelo. Además, el altar principal cuenta con una infinidad de detalles, ángeles y santos que parecen cobrar vida bajo la luz de las velas. Santa Prisca es un espacio de contemplación artística que justifica por sí solo el viaje desde la Ciudad de México.

Hablar de Taxco también es hablar de plata. Aunque la minería es parte de su historia prehispánica y colonial, el auge de su joyería se debe en gran medida al estadounidense William Spratling, quien fundó el primer taller de platería en 1930, enseñando a los habitantes técnicas de diseño que terminaron en una increíble fusión entre el arte precolombino y la estética contemporánea.
Ahora, ¿buscas dónde comprar? Hoy en día, Taxco es el centro platero más importante de México, aquí encontrarás galerías de lujo y pequeños talleres familiares. Nosotros te recomendamos visitar el “Tianguis de plata”, donde los artesanos bajan de las comunidades cercanas para ofrecer sus creaciones a precios muy competitivos. Es muy importante que al comprar una pieza, siempre veas que tiene el sello ".925", así garantizamos la pureza del metal.
Si además de comprar, te interesa conocer la evolución de este oficio, una visita al Museo de Platería te permitirá ver piezas históricas y entender las complejas técnicas de fundido, cincelado y repujado que han hecho famosos a los maestros taxqueños.
Después de recorrer las calles y hacer tus compras, te recomendamos dar una vuelta en el teleférico, una de las atracciones más emocionantes para quienes buscan la “foto perfecta”. El trayecto parte de la entrada del pueblo y sube hasta el hotel Monte Taxco, ubicado en la cima de una de las montañas circundantes. El recorrido de aproximadamente 200 metros de altura te ofrece una vista aérea inigualable: techos de teja roja, la cúpula de talavera de Santa Prisca y las montañas de Guerrero extendiéndose hasta el infinito.

Una vez arriba, la recomendación es quedarse a disfrutar del atardecer. Ver cómo se encienden las luces del pueblo es una experiencia que define el romance de Taxco.
Y sí, después de todo este recorrido ¡el hambre nos llama! No puedes irte de este pequeño pueblo sin probar la cocina local. Taxco tiene sabores que no encontrarás en ningún otro lugar del estado de Guerrero. Primero, te invitamos a probar los “jumiles”: unos pequeños insectos que son fuente de proteína y tienen diversas propiedades nutritivas.
Estos insectos se consumen principalmente en salsa o tacos. Tienen un sabor fuerte, similar a la canela y el anís, y se les atribuyen propiedades medicinales. Si eres un viajero aventurero, probar una salsa de jumil es un rito de iniciación.
Por otro lado, está el pozole guerrerense. A diferencia del rojo de Jalisco o el blanco de la CDMX, en Guerrero el pozole verde (hecho con pepita de calabaza) es la estrella. Se acompaña con chicharrón, aguacate, sardinas y un huevo crudo que se cuece con el calor del caldo.
Ahora solo falta el postre. No olvides probar las nieves artesanales, especialmente la de sabor “Rosa de Castilla”, una delicadeza floral que refresca tras la caminata por las cuestas.
Para que tu viaje sea sencillo, te dejamos unos consejos prácticos desde la CDMX.Si viajas en coche, lo mejor es tomar la Autopista del Sol hacia Cuernavaca y seguir las indicaciones hacia Taxco. El trayecto es de aproximadamente 2 horas y media. Considera que el estacionamiento puede ser bastante complicado y lo mejor es dejar el coche en el hotel. Si prefieres moverte en camión, te sugerimos salir desde la Terminal del Sur (Taxqueña), en donde salen corridas casi cada hora. Esta opción es cómoda, segura y el camión te dejará muy cerca del centro.
Si buscas quedarte, Taxco cuenta con hoteles encantadores que suelen ser antiguas casonas remodeladas. Busca aquellos con terraza para desayunar viendo a Santa Prisca al mismo tiempo. Finalmente, no olvides llevar ropa ligera y tenis cómodos.
Taxco de Alarcón no es solo un destino para comprar joyería, es el refugio perfecto para quienes buscan perderse entre la plata, la historia y un finde increíble.