El paisaje de la bahía de Ha Long parece surgir de los mitos fundacionales de una civilización milenaria. Situada en el golfo de Tonkín, en la provincia nororiental de Quảng Ninh, esta maravilla geológica tiene más de 1500 kilómetros cuadrados y aproximadamente 2000 islas e islotes de piedra caliza, lo que la convierte en el ícono turístico más reconocible de Vietnam y en un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO debido a su valor estético y geomorfológico.

El nombre del lugar se basa en una historia mística: Hạ Long se traduce literalmente como “el dragón que desciende”. Según la mitología local, en los tiempos en que el pueblo vietnamita luchaba por defender sus fronteras contra los invasores del norte, el Emperador de Jade envió a una familia de dragones celestiales para proteger el reino. Los dragones descendieron exhalando joyas, perlas y jade fino sobre el golfo; al tocar el agua, estas gemas divinas se transformaron instantáneamente en las colosales murallas y torres de piedra caliza que hoy cubren la bahía, bloqueando el avance de los barcos enemigos y haciéndolos encallar contra las rocas. Al quedar fascinados por la belleza pacífica de las aguas que habían salvado, los dragones decidieron no regresar a los cielos y se recostaron a descansar eternamente en el golfo, dando forma al relieve que hoy cautiva a los turistas.
Explorar la bahía de Ha Long en la actualidad es adentrarse en un universo dinámico donde la ingeniería, la vida ancestral, las catedrales de piedra y los deportes extremos conviven en equilibrio. A continuación, te presentamos cinco pilares que definen la experiencia total de este paraíso.

La experiencia de Ha Long ya no se limita a las cubiertas de los barcos tradicionales. En la última década, Ha Long City ha experimentado una profunda transformación gracias al desarrollo del complejo Sun World Ha Long, cuyo eje central es el espectacular Teleférico de la Reina (Queen Cable Car), un medio de transporte que ofrece una vista aérea inigualable del laberinto de piedra caliza.
Este sistema fue inaugurado con el objetivo de conectar la zona turística de Bãi Cháy con la colina de Ba Đèo en el sector de Hòn Gai. Diseñado por el prestigioso grupo austríaco-suizo Doppelmayr Garaventa, rompió de inmediato dos récords mundiales certificados por el libro Guinness.
El primero, por ser la cabina de pasajeros con mayor capacidad del planeta: cada una de las dos unidades de dos pisos tiene la capacidad de transportar de manera simultánea hasta 230 pasajeros por viaje, asemejándose a un gigantesco autobús. El segundo es la torre de hormigón de teleférico más alta del mundo; esta se eleva hasta alcanzar los 188,8 metros de altura, plantada con firmeza en el borde de la bahía para sostener los cables de acero que cruzan el estrecho.
El viaje cubre una distancia total de 2,2 kilómetros suspendidos sobre el canal marítimo de Cửa Lục. A medida que la cabina gana altura, el horizonte se expande revelando una vista imposible de apreciar desde el nivel del mar. Hacia el sur, podrás ver los barcos de crucero y los juncos tradicionales de velas anaranjadas como si fueran miniaturas de madera sobre un espejo de agua. Al oeste, te encontrarás con el puente de Bãi Cháy, que corta el cielo con su silueta aerodinámica, mientras que en el este emergen las colinas kársticas entre la neblina del mar. Te sugerimos realizar el viaje al atardecer, pues podrás observar cómo las luces de la ciudad comienzan a reflejarse en el agua mientras el sol se oculta.

Navegar por los sectores protegidos de la bahía es descubrir un paisaje de torres calizas (fenglin) y conos calizos (fengcong) que han sido modelados por los cambios en el nivel del mar a lo largo de los últimos dos millones de años.
Hasta hace poco, la bahía de Ha Long albergaba una de las comunidades antropológicas más singulares del Sudeste Asiático: los asentamientos flotantes de los pescadores de Cửa Vạn, Vung Viêng, Ba Hang y Cong Đầm. Estas personas no poseían propiedades en tierra firme; nacían, se educaban, se casaban y morían a bordo de casas de madera flotantes sostenidas por barriles de plástico y boyas de poliestireno, ancladas al abrigo de las montañas calizas para protegerse de los violentos tifones del mar del sur.
Debido a los riesgos medioambientales de los desechos domésticos y con el fin de garantizar el acceso a una educación estable para los niños, el gobierno de Vietnam llevó a cabo un proceso de reubicación, trasladando a las familias a tierra firme. No obstante, pueblos emblemáticos como Cửa Vạn y Vung Viêng han sido preservados y reconvertidos en museos culturales vivos de ecoturismo comunitario.
Cửa Vạn ha sido reconocido como uno de los pueblos más hermosos del mundo. Allí, el viajero puede recorrer las escuelas flotantes originales, observar los criaderos de peces y perlas bajo las cubiertas de las casas y conversar con los pescadores que ahora se encargan de remar las barcas turísticas. La vida aquí se rige por las mareas; por esta razón, las casas flotantes exhiben altares llenos de incienso dedicados al Dios del Mar, y el tejido de las redes de pesca sigue siendo una destreza que se transmite con orgullo de generación en generación.

El relieve de la bahía de Ha Long nace de millones de años de precipitaciones monzónicas intensas y ácidas (cargadas con el dióxido de carbono de la atmósfera tropical) que han disuelto la parte interna de las islas a través de un proceso clásico de karstificación. Esto dio origen a cuevas y grutas que se sitúan a diferentes alturas sobre el nivel actual del mar.
La primera de ellas es la cueva de Sung Sot, mejor conocida como “La cueva de las sorpresas”. Se ubica en el interior de la isla de Bòn Hòn y es la más visitada de toda la bahía. Fue descubierta en 1901 y de inmediato se la bautizó como Grotte des Surprises debido a la inesperada inmensidad de sus cámaras interiores; para llegar, se exige una ascensión inicial de unos cien escalones de piedra ocultos bajo el dosel de la selva tropical.
La cueva se divide en dos salas monumentales que abarcan más de diez mil metros cuadrados en total. La primera cámara está iluminada de manera sutil por luces de colores que resaltan los relieves de la piedra. El techo está cubierto por miles de ondulaciones que imitan las olas del mar, lo que demuestra que esta cueva estaba completamente inundada en épocas prehistóricas.
La segunda cámara se alcanza tras cruzar un pasillo de piedra estrecho. El espacio se abre hasta alcanzar una altura del techo de más de treinta metros, evocando la estructura de una catedral gótica natural. Aquí, las estalactitas y estalagmitas han crecido de forma ininterrumpida durante cientos de miles de años, formando columnas colosales que los guías locales asocian con figuras de la mitología vietnamita, como guerreros de piedra, elefantes reales y el famoso relieve de piedra con forma fálica que funciona como símbolo ancestral de la fertilidad de la tierra.
Cerca de aquí se encuentra la cueva de Đầu Gỗ o “La cueva de las estacas de madera”, un espacio de inmensas estalagmitas que combina la geología caliza con la historia militar de Vietnam. En el año 1288, este lugar funcionó como almacén secreto del general Trần Hưng Đạo, quien ocultó pesadas estacas de madera que más adelante serían colocadas en el cercano río Bạch Đằng para hundir la flota del imperio mongol de Kublai Khan.

Muchos viajeros optan por cruceros de dos o tres noches que se desvían hacia la bahía de Lan Hạ, donde se encuentra la isla Mariposa (Butterfly Island).
Este lugar debe su nombre tanto a la forma de su relieve como a la abundancia estacional de mariposas tropicales de colores brillantes que revolotean en sus valles durante la primavera. El mayor privilegio de la isla es su aislamiento, pues no cuenta con muelles para grandes cruceros; las embarcaciones deben echar el ancla a metros de distancia de la costa, por lo que los viajeros desembarcan por medio de lanchas menores o kayaks.
La isla Mariposa se ha transformado en los últimos años en uno de los sitios más visitados para realizar escalada deportiva. Las paredes de roca caliza presentan desplomes sobre aguas profundas y libres de rocas ocultas, lo que permite a los escaladores ascender las vías verticales sin necesidad de cuerdas ni arneses de seguridad (psicobloc), con la garantía de caer de forma limpia sobre el mar templado del golfo en caso de perder el agarre.
Para aquellos que prefieren caminar, la isla ofrece senderos rústicos que cruzan el istmo central, conectando playas vírgenes aisladas donde se puede nadar en total soledad, lejos de los itinerarios de la bahía principal.

Se dice que hasta que no se experimenta un descenso en kayak, no se conoce verdaderamente la bahía de Ha Long. El kayakismo aquí es la única herramienta que permite al ser humano cruzar los umbrales geológicos que los barcos a motor tienen estrictamente prohibido atravesar por motivos de conservación medioambiental.
La experiencia se lleva a cabo en el cruce de los Luồn o cuevas túnel. Estas son formaciones kársticas horizontales de muy baja altura que cortan la base de las montañas calizas a nivel del mar. Al remar de manera pausada por el interior de este túnel de roca oscura, el viajero debe vigilar de cerca el estado de las mareas: si la marea está demasiado alta, el túnel se vuelve intransitable; si está demasiado baja, las rocas del lecho quedan expuestas.
Al salir del otro lado, el espacio revela un lago interior (Hồ) completamente circular, rodeado por paredes de piedra caliza verticales que se elevan más de cien metros hacia el cielo, cubiertas de orquídeas salvajes, helechos prehistóricos y raíces aéreas de higueras que caen buscando el agua salada. Estos lagos interiores funcionan como ecosistemas biológicos aislados del viento marino y las corrientes del golfo. Es precisamente en las ramas de los árboles que cuelgan sobre las paredes de piedra de estos lagos donde habitan las tropas de macacos rhesus (Macaca mulatta) de la bahía.
Al desplazarse en kayak, los viajeros pueden observar a los monos interactuando en su entorno natural: descendiendo por las rocas para recolectar pequeños cangrejos marinos, saltando con destreza entre las ramas de los manglares o llamando la atención en busca de comida (práctica que las autoridades de la UNESCO intentan regular de manera estricta para no alterar la dieta salvaje de los primates).
Ahora ya sabes que visitar la bahía de Ha Long te permitirá conectar con la riqueza de la mitología de Vietnam. Al recorrer el sitio desde el teleférico, al conocer la resiliencia comunitaria de sus últimos pueblos flotantes, la solemnidad mineral de las cuevas esculpidas por la lluvia, el aislamiento salvaje de la isla Mariposa y la inmersión física que regala el kayakismo, esta bahía demuestra por qué sigue cautivando la imaginación de la humanidad.