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Vietnam: ¿dónde está, cómo llegar y por qué visitar este país?

Sin duda, Vietnam es un país de contrastes, desde el caos vibrante en sus calles hasta la paz espiritual de sus campos de arroz. Este rincón del mundo se caracteriza por transformar tus sentidos de manera radical desde el primer segundo en que pones un pie en su territorio. Tu nariz jamás se cansará del aroma omnipresente a albahaca fresca, cilantro, menta y el profundo perfume del café tostado que emana de cada esquina. Tus oídos zumbarán al son de millones de motocicletas que circulan al mismo tiempo en su propio desorden. Además, tus ojos no podrán dejar de maravillarse ante las increíbles postales que forman las imponentes formaciones de piedra caliza que emergen de la tierra y el mar. 

Pero ¿dónde está exactamente Vietnam? ¿Cómo se llega a este país y cuáles son las razones para incluirlo en tu lista de viajes pendientes?

Ubicación, geografía y ¿cómo llegar?

Para dimensionar la riqueza de este país, primero debemos ubicar su lugar en el mapa. Vietnam se ubica sobre el extremo oriental de la península de Indochina, en el corazón del Sudeste Asiático. Su silueta, que evoca de inmediato la forma de una letra "S" alargada, dibuja una extensa franja costera que colinda al norte con la majestuosa China, al oeste con las densas selvas y montañas de Laos y Camboya, y al este y sur con las templadas aguas del Mar de China Meridional.

Cuenta con un territorio que se extiende por más de 1.600 kilómetros de norte a sur, pero cuya anchura es sorprendentemente estrecha en su sección central, llegando a medir apenas 50 kilómetros en su punto más angosto. Esta peculiar geografía, el clima y los paisajes del país permiten que Vietnam se divida en tres grandes ecosistemas y regiones culturales: el Norte, el Centro y el Sur.

Al norte se encuentran cadenas montañosas que sirven como una frontera natural con China y albergan el Fansipan, el pico más alto de toda Indochina. Debido a esta altitud y a su posición latitudinal, el norte de Vietnam es la única región del país que experimenta de forma clara las cuatro estaciones del año.

Aquí, el invierno (que abarca de noviembre a marzo) suele ser verdaderamente frío, con densas neblinas que envuelven los valles e incluso nevadas ocasionales en los picos más altos de Sapa. Esta región se ubica en la capital, Hanói, y destaca por sus profundas tradiciones, sus terrazas que desafían la gravedad y una fuerte influencia cultural.

En la sección central del país domina la imponente Cordillera Annamita (conocida localmente como Truong Son), cuyas laderas se cortan de forma abrupta en el mar, creando un litoral accidentado y espectacular. El Centro de Vietnam se distingue por sus largas playas de arena blanca y aguas cristalinas, pero también por ser el epicentro de la historia dinástica del país.

Ciudades como Hue y Hoi An resguardan el legado de los antiguos emperadores y comerciantes marítimos. El clima aquí suele ser tropical monzónico y tiene una temporada de lluvias y tifones muy marcada entre los meses de septiembre y diciembre.

El sur de Vietnam se caracteriza por un cambio drástico de ritmo y temperatura. Aquí el invierno no existe; la región está marcada por el intenso y constante calor de la Ciudad Ho Chi Minh (la antigua Saigón) y la exuberante región tropical del Delta del Mekong, este último es un laberinto acuático de canales, ríos e islas flotantes.

El clima del sur es puramente tropical, dividido simplemente en una estación seca y una estación húmeda (de mayo a noviembre), donde las lluvias suelen ser aguaceros intensos pero predecibles que refrescan las tardes de la metrópoli.

Hace unas décadas planear un viaje parecía sumamente complejo y reservado solo para turistas intrépidos, hoy en día llegar a Vietnam es bastante sencillo. Esto se debe a la gran expansión de su red de transporte aéreo, marítimo y terrestre, sumada a una notable simplificación de sus trámites migratorios internacionales. 

Dependiendo de la ruta que desees trazar para tu viaje, Vietnam pone a tu disposición tres aeropuertos internacionales principales que actúan como hubs estratégicos:

Si pretendes que tu primera experiencia sea desde el norte, llegar a Hanói es lo ideal. El Aeropuerto Internacional de Noi Bai te recibirá con una infraestructura moderna y te conectará de inmediato con el alma tradicional del país, permitiéndote iniciar tu descenso terrestre hacia el sur.

Si quieres iniciar tu recorrido desde el sur, llegar a la Ciudad de Ho Chi Minh es la mejor opción. El Aeropuerto Internacional de Tan Son Nhat es el más transitado del país. Al aterrizar aquí, te sumergirás directamente en la vertiginosa energía del motor económico de Vietnam, siendo el punto de partida perfecto para explorar el Delta del Mekong.

Si lo que deseas es llegar directo a las playas y conocer la riqueza cultural del centro, arribar a Da Nang es perfecto. El Aeropuerto Internacional de Da Nang se encuentra prácticamente dentro de la ciudad y a escasos 45 minutos de Hoi An, evitándote la necesidad de tomar vuelos internos adicionales si tu tiempo de viaje es limitado.

Uno de los factores que más ha impulsado el turismo en Vietnam es la modernización de su política migratoria. Actualmente, ciudadanos de la gran mayoría de los países de América Latina, España, Estados Unidos y Canadá pueden solicitar una e-Visa (Visado Electrónico) de forma completamente digital antes de viajar.

Este trámite se realiza a través del portal oficial del gobierno vietnamita, permite estancias turísticas de hasta 90 días (tanto para entradas únicas como múltiples) y suele procesarse entre 3 y 5 días hábiles. Solo requieres tu pasaporte con una vigencia mínima de seis meses y una fotografía digitalizada.

Gastronomía vietnamita: el equilibrio perfecto de sabores y frescura

Sabemos perfectamente que al llegar a un destino tan lejano y vibrante necesitarás bastante “gasolina” para recorrer las calles y conocer Vietnam a fondo. La comida de este país será una sorpresa magnífica para tu paladar.

A diferencia de las cocinas de sus vecinos como Tailandia o la India, la gastronomía vietnamita no es picante ni pesada en grasas o aceites. Por el contrario, su base culinaria se rige por los principios del budismo y la teoría de los cinco elementos, buscando siempre un equilibrio absoluto entre texturas y sensaciones: lo crujiente y lo suave, lo dulce y lo agrio, lo fresco de las hierbas crudas y lo reconfortante de lo cocido.

La frescura es la ley suprema en la mesa vietnamita; los mercados locales se surten dos veces al día para asegurar que los vegetales, pescados y carnes estén impecables. Si vas a visitar este país, estos son los platillos obligatorios que debes probar.

El Phở: El alma de la nación en un tazón

El Phở es, sin discusión alguna, el plato nacional por excelencia. Se trata de una sopa de fideos de arroz cuyo secreto radica en un caldo cristalino que se cocina a fuego lento durante horas (a veces hasta doce horas) utilizando huesos de res o pollo junto con una cuidadosa selección de especias tostadas como canela, jengibre, anís estrella, cardamomo negro y clavos de olor.

Se sirve caliente con finas láminas de carne de ternera (Phở Bò) o pollo (Phở Gà), y se entrega al comensal acompañado de un plato rebosante de hierbas frescas (menta, albahaca tailandesa, cilantro), brotes de soja, lima y rodajas de chile para que cada quien lo personalice a su gusto. Es el desayuno tradicional de millones de vietnamitas en las banquetas de todo el país.

El Bánh Mì: La herencia colonial reinventada

El Bánh Mì es quizás uno de los mejores ejemplos de sincretismo cultural en el mundo gastronómico. Es un sándwich que utiliza como base una baguette de estilo francés —pero modificada localmente al añadir harina de arroz para hacerla increíblemente crujiente por fuera y ligera como una nube por dentro—. Esta baguette se unta de paté y mayonesa, y se rellena con diversas carnes (cerdo asado, mortadela vietnamita, albóndigas), encurtidos agridulces de zanahoria y rábano blanco (đồ chua), pepino fresco, abundante cilantro y un toque opcional de chile fresco. Es una explosión texturizada que puedes comprar por menos de dos dólares en cualquier puesto callejero.

El Bún Chả: El festín ahumado del norte

El Bún Chả es un platillo originario de Hanói. Consiste en pequeños trozos de tocino de cerdo y albóndigas de carne molida intensamente marinados y cocinados al carbón en parrillas portátiles a pie de calle. Esta carne sumamente ahumada se sirve sumergida en un cuenco con un caldillo tibio a base de salsa de pescado, vinagre, azúcar y rodajas de papaya verde encurtida.

Al lado, se te entregará una montaña de fideos de arroz blancos (bún) y una canasta de hierbas. Para comerlo, sumerges los fideos y las hierbas en el caldillo con la carne y disfrutas. Este platillo alcanzó el estrellato mundial cuando el expresidente estadounidense Barack Obama y el legendario chef Anthony Bourdain se sentaron en los taburetes de plástico azul de un humilde restaurante local en Hanói para cenar juntos, validando su estatus de joya culinaria ante el mundo entero.

El Café Vietnamita: Mucho más que una bebida, un ritual social

No podemos hablar de la gastronomía de este país sin rendir honores a su cultura cafetalera. Vietnam es el segundo mayor productor de café a nivel mundial y ha desarrollado una identidad única en torno a él. El café tradicional se prepara individualmente usando el Phin, un pequeño filtro metálico de goteo lento que se coloca directamente sobre la taza. Al utilizar granos robustos, el resultado es una bebida sumamente fuerte, densa y con notas achocolatadas.

Para equilibrar esta intensidad, los vietnamitas crearon el Cà Phê Sữa Đá, donde el café se vierte sobre hielo y una generosa capa de leche condensada. Sin embargo, la máxima extravagancia que debes probar es el Cà Phê Trứng o café de huevo. Nacido en Hanói durante la época de escasez de leche provocada por la guerra, consiste en una base de café negro cargado cubierta por una densa y cremosa espuma hecha con yema de huevo batida con leche condensada. El resultado es un postre líquido que recuerda al tiramisú y que es una auténtica delicia.

¿Qué ver y hacer en un viaje de norte a sur?

Y bien, después de haber viajado por más de 24 horas cruzando océanos y husos horarios, y haber disfrutado de un delicioso primer aperitivo en las calles locales, llega el momento crucial de adentrarse a conocer los paisajes que hacen único a Vietnam. La diversidad de atracciones en el país es tan amplia que satisface tanto al amante de la naturaleza como al apasionado de la arquitectura y la historia.

La bahía de Ha Long: el mar de los dragones descendientes

Uno de los sitios más icónicos de Vietnam es la Bahía de Ha Long, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo. Localizada a unas dos horas y media al este de Hanói, esta bahía es un escenario de fantasía donde más de 1.600 islas e islotes de piedra caliza emergen de forma vertical de las aguas color esmeralda del Golfo de Tonkín.

Muchas de estas formaciones geológicas están coronadas por una densa vegetación selvática y esconden gigantescas cuevas con estalactitas y estalagmitas en su interior. Cuenta la leyenda local que estas islas fueron creadas por dragones celestiales enviados para proteger al pueblo vietnamita de los invasores, escupiendo joyas y jade que al tocar el mar se transformaron en barreras de piedra.

La mejor manera de experimentar esta maravilla es reservar un crucero de una o dos noches a bordo de un junco tradicional, donde podrás hacer kayak entre los pueblos flotantes de pescadores, ver el amanecer haciendo Tai Chi en la cubierta y contemplar el atardecer sobre un horizonte de siluetas kársticas.

Hoi An: El encanto mágico del museo viviente iluminado por faroles

Si prefieres caminar a un ritmo más pausado y sumergirte en el romanticismo del pasado, la pequeña ciudad costera de Hoi An será, con toda certeza, tu mejor opción en la zona centro. Este antiguo puerto comercial, que vivió su época de esplendor entre los siglos XV y XIX como un punto de encuentro clave para mercaderes chinos, japoneses, holandeses e indios, parece haberse congelado en el tiempo.

Su centro histórico se conserva intacto, libre de vehículos motorizados durante gran parte del día, lo que lo convierte en un museo viviente.

Al pasear por sus calles adoquinadas, te verás rodeado de fachadas fotogénicas, antiguas casas de madera de los comerciantes ricos, templos chinos ricamente decorados y el famoso Puente Cubierto Japonés, que data del siglo XVII. Hoi An es también mundialmente famosa por sus cientos de sastrerías exprés, capaces de confeccionarte un traje o un vestido a medida en menos de 24 horas con sedas locales de excelente calidad. Sin embargo, el verdadero espectáculo ocurre al caer la noche: la ciudad apaga sus luces eléctricas principales y se ilumina exclusivamente con miles de faroles de seda multicolores hechos a mano, mientras el río Thu Bon se llena de pequeñas barcas de madera y velas flotantes, creando una atmósfera de absoluta magia.

Hanói: el corazón cultural y el encanto del Barrio Antiguo

Hanói, la capital del país con más de mil años de historia, es una parada imprescindible en tu lista de viaje. Es una urbe donde el caos de las motocicletas convive en armonía con la serenidad de sus numerosos lagos urbanos y parques sombreados por árboles centenarios.

El epicentro de la vida turística es el Barrio Antiguo (Old Quarter), un laberinto de 36 calles históricas donde, desde la época medieval, cada calle se ha dedicado tradicionalmente a un oficio o comercio específico: la calle de la plata, la calle del calzado, la calle de las hierbas medicinales, entre otras.

Estando en Hanói, no puedes perderte una caminata matutina (alrededor de las 6:00 a.m.) alrededor del emblemático Lago Hoan Kiem; a esa hora verás a cientos de locales de todas las edades practicando Tai Chi, yoga, o bailes de salón bajo la bruma matutina antes de que comience el bullicio laboral. Además, la capital alberga el Templo de la Literatura (la primera universidad del país, fundada en el año 1070), el imponente Mausoleo de Ho Chi Minh y la famosa "Calle del Tren", donde el ferrocarril pasa a escasos centímetros de las puertas de las casas y las mesas de los cafés.

Las terrazas de arroz del norte: Sapa y Mu Cang Chai

Aunque si deseas empezar tu viaje con algo mucho más tranquilo y enfocado en la naturaleza pura, visitar los arrozales del norte resulta la opción ideal. Regiones montañosas como Sapa, Mu Cang Chai o Ha Giang ofrecen algunos de los paisajes agrícolas más espectaculares del planeta. Aquí, a lo largo de los siglos, diferentes minorías étnicas como los Hmong, los Dao y los Tay han tallado intrincadas terrazas de arroz en las laderas escarpadas de las montañas.

Dependiendo de la época del año en que los visites, estos anfiteatros naturales cambian de color de forma drástica: en mayo y junio (temporada de inundación) brillan como espejos de agua que reflejan el cielo; en julio y agosto se transforman en un mar de un verde esmeralda intensamente brillante; y en septiembre, justo antes de la cosecha, las montañas se visten de un amarillo dorado resplandeciente.

Hacer senderismo por estos valles te permitirá alojarte en casas de familias locales (homestays) y vivir de cerca experiencias étnicas locales auténticas, conociendo su vestimenta tradicional, sus técnicas textiles y su estilo de vida autosustentable.

Ciudad Ho Chi Minh: rascacielos, historia moderna y herencia colonial

Seguramente has escuchado que el verdadero motor económico y financiero de Vietnam es la Ciudad Ho Chi Minh (conocida cariñosamente por locales y nostálgicos bajo su antiguo nombre de Saigón). Esta metrópoli es el rostro de la modernidad del país, un lugar vertical donde imponentes rascacielos de cristal como el Landmark 81 (uno de los edificios más altos del Sudeste Asiático) conviven pared con pared con la elegante arquitectura colonial francesa de finales del siglo XIX, representada majestuosamente por la Catedral de Notre Dame de Saigón, la Ópera y la Oficina Central de Correos (diseñada por el estudio de Gustave Eiffel).

Saigón es, además, el lugar ideal para entender la compleja y dolorosa historia moderna de Vietnam y los conflictos bélicos del siglo XX. Es obligatorio visitar el Museo de Restos de la Guerra, un espacio profundamente conmovedor que muestra la perspectiva vietnamita del conflicto con Estados Unidos a través de fotografías e instalaciones periodísticas.

A las afueras de la ciudad se encuentran los Túneles de Cu Chi, una inmensa red subterránea de más de 250 kilómetros de pasadizos interconectados que el Viet Cong utilizó como base de operaciones, hospitales, viviendas y rutas de suministro, demostrando una ingeniería de supervivencia que asombra a los visitantes modernos, quienes incluso pueden ingresar a tramos ensanchados de los túneles para experimentar las condiciones de la época.

Consejos prácticos para viajar a Vietnam

Para que tu aventura sea increíble y disfrutes al máximo cada instante, es conveniente seguir estas recomendaciones de logística y convivencia cultural:

Moneda local: La moneda oficial es el Dong vietnamita (VND). Debido a la inflación histórica, te convertirás en “millonario” al cambiar divisas. Es recomendable llevar efectivo para compras en mercados y puestos de comida callejera, aunque el uso de tarjetas de crédito y pagos digitales con códigos QR está sumamente extendido en hoteles y comercios formales de las grandes ciudades.

Movilidad urbana: Para trasladarte dentro de las ciudades de forma segura, económica y evitando regateos estresantes con taxistas locales, lo ideal es descargar en tu teléfono la app Grab (el equivalente de Uber) que te permite solicitar tanto autos particulares como trayectos en motocicleta.

Conectividad: Mantenerte conectado a internet es sumamente sencillo y barato. Puedes comprar una tarjeta SIM local física o una eSIM virtual directamente en los aeropuertos internacionales al aterrizar o de forma digital antes del viaje. Los paquetes de datos móviles suelen ser muy económicos y ofrecen excelente cobertura incluso en zonas rurales o montañosas.

Código de vestimenta en templos: Al visitar espacios sagrados, templos budistas o pagodas, es obligatorio vestir con respeto. Esto implica llevar los hombros y las rodillas cubiertos (tanto hombres como mujeres). En muchos templos activos se te pedirá que te descalces antes de ingresar al altar principal, por lo que llevar calzado fácil de quitar y poner te facilitará enormemente las visitas.

¿Y qué más podemos contarte sobre este destino? Vietnam es un país fascinante que, ante todo, logró levantarse de las cenizas del siglo pasado con un optimismo y una calidez humana que cambian por completo a cualquier extranjero. Es un país sumamente generoso que dejará una necesidad genuina de volver.